dimecres, 5 de novembre de 2008

Piedras, piedras y más piedras. El Valle Sagrado y Machupicchu

La llegada de la Pepa (la madre de Joan) a Cusco coincidió en día y hora con una de las prácticas más habituales de protesta social en Perú. Los famosos paros. Sea por el aumento del precio de los alimentos, por las políticas de Alan García o o por cualquier otro factor, Perú sufre paros nacionales, regionales, provinciales e incluso de distrito, día sí día también. Ese día nos tocó uno y la dificultad fue llegar hasta la terminal del aeropuerto para recogerla. Tuvimos que andar durante casi una hora para encontrar un taxi, medio piratilla, que ese día trabajaba pese al temor de los piquetes, pero que sólo circulaba alejado del centro de Cusco. Antes de encontrarnos con este señor, nos planteamos la posibilidad que nos ofreció una persona, ya mayor, de subirnos en su triciclo (a pedales) para llegar hasta el aeropuerto. De haberlo hecho, la introducción de la Pepa al Perú más salvaje hubiese sido brutal.

Después de visitar Cusco durante un par de días, alquilamos un coche para acercarnos hasta el Valle Sagrado. Pese a la (merecida) reputación de malos conductores que se han granjeado los peruanos en toda Sudamérica, es justo reconocer que sus habilidades al volante no se perciben como peligrosas puesto que la gran mayoría van a paso de tortuga. Hay que decir que las carreteras tampoco facilitan mucho la cond
ucción. De hecho, en muchos casos grandes piedras anuncian, intencionadamente, los baches o agujeros, sin que llegues a saber que es peor: el remedio o la enfermedad.

El Valle Sagrado es, después de Machupicchu, el mayor atractivo turístico de la zona, y realmente tiene un aire especial. Sigue el curso del río Urubamba, a una altura de 2.800 metros, serpenteando entre montañas que ascienden hasta más de 6.000 metros. Combina de forma muy contrastada distintos tipos de paisaje: el clásico del altiplano andino, con sus colores ocres que ganan en intensidad en función de si la tierra está o no cultivada y la frondosidad del fondo del valle con el verde eléctrico de los pequeñas chacras de maíz cuidadas a mano pacientemente por los campesinos. Todo esto está vigilado por nevados que nos recuerdan constantemente que seguimos en plenos Andes. Pese a que esta zona se ha reforestado masivamente con eucaliptos australianos (???) después de que hayan desparecido los cedros autóctonos, usados para construir el Cusco colonial.

Recorrimos durante un par de días la zona haciendo base en Urubamba, instalados en una especie de casita rural muy a
gradable. Desde allí vistamos las majestuosas ruinas de Pisaq, con su inacabable sistema de terrazas; la ciudad de Chincheros, aunque nos perdimos su tradicional mercado por ir en sábado cuando se organiza en domingo; las sorprendentes ruinas de Moray, nada más y nada menos que un laboratorio agrícola con formas casi extraterrestres así como la salinera de Maras, de donde aún extraen este condimento de un riachuelo salinizado pero en unas condiciones laborales de extrema dureza. Por último, y camino de Machupicchu, nos dirigimos hacia Ollantaytambo, donde además de unas ruinas realmente preciosas, se puede disfrutar de uno de los pocos pueblecitos que mantienen su antigua estructura inka. Un sitio que posee un entorno privilegiado, entre Apus (cerros sagrados) y por donde escaparon en desbandada los Inkas hacia la Selva perseguidos por los conquistadores.

En Ollantaytambo cogimos el tren hacia Aguas Calientes, algo más barato que desde Cusco. Es bueno saber que existen otras formas de llegar hasta la base del Machupicchu sin que la empresa inglesa
(Perurail), que tiene la concesión exclusiva de servicio, te saque los ojos. Consiste en agarrar una combi en el mismo Ollantaytambo hasta Santa Marta, de ahí a Santa Teresa y luego andar 2 horitas por la vía del tren. El coste se reduce en casi en un 90% aunque es una aventurilla a muchos niveles (carretera, duración del desplazamiento...). De hecho, en Cusco el coste abusivo de los servicios de este tren han servido de inspiración a un grupo de Reggae, donde toca un amigo, para informar a los turistas, durante sus conciertos, que hay otra manera de ir a Aguas Calientes sin que te quiten la cartera. De hecho, lo más escandalosamente caro de la visita a Machupicchu es este tren, pero como la afluencia a este santuario está más que garantizada, lo lógico es que los precios sigan subiendo.

En cualquier caso, nosotros agarramos el tren en Ollantaytambo, donde se nos unió Kylies, una amiga australiana. El trayecto en tren es una auténtica maravilla. Si alguien se anima y no desea llegar a Machupicchu después de una odisea por carretera, que vaya en tren pero que lo haga de día. El espectáculo se lo merece. Llegamos a Aguas Calientes anocheciendo, rodeados por montañas misteriosas, llenas de vegetación y con ruido de agua fluyendo por todas partes. En sólo 40 Km, el paisaje había cambiado de forma increíble. Se intuía que la Selva estaba cerca. De Aguas Calientes sólo podemos decir una cosa. ¿Cómo en un sitio tan especial se ha permitido levantar un engendro parecido? Sin duda, es uno de los ejemplos más claros del impacto negativo que tiene el turismo.


Al día siguiente nos tocaba Machupicchu. Kylies y Joan se levantaron muy temprano (a las 5 a.m) para subir de los primeros a las ruinas y así ser uno de las 400 personas que pueden ascender al Wynapicchu, el cerro que hace la función de nariz del inka en las fotos panorámicas del yacimiento (cuando giras la foto 90 grados a la izquierda!!). Se trata de una excursión de un par de horas que vale mucha la pena realizarla, pues las vistas que tienes desde lo alto tanto de las ruinas como del entorno son espectaculares. Para aquellos que tengan mucho vértigo es bueno saber que la subida a veces impresiona bastante. También es interesante llegar muy temprano porque te permite pasear por este sitio mágico casi sólo (luego se llena a tope) acompañado por unas nubes bajas que aún le dan una aire más misterioso al conjunto.

Más tarde Marta y Pepa subieron y, aunque con ciertas dificultades, nos encontramos para visitar juntos las ruinas. Las nubes se marcharon y el Sol apareció con mucha fuerza, permitiéndonos divisar tanto las piedras que conforman este conjunto arqueológico como el entorno en el que se encuentra su emplazamiento. Simplemente, maravilloso. Dicen que es una de las 7 maravillas del mundo, no las conocemos todas así que no podemos juzgar con conocimiento de causa. Dejando de lado estas listas de grandes éxitos, seguramente es de las visitas más espectaculares que hemos realizado durante este viaje.

Acabamos nuestra visita a Machupicchu y el Valle Sagrado con la sensación de haber visto piedras y más piedras y con la certeza de que nuestras piernas habían subido piedras, piedras y más piedras.


Fotos:






2 comentaris:

Anònim ha dit...

Marta quina foto més espectacular!
WOW! Amb les nike aquestes que em xiflen!

Anònim ha dit...

Hoooollaaa! La foto dels tres a vall sagrada és boníssima, del "far west". Petó molt fort. Núria.