diumenge, 19 d’octubre de 2008

Una playa en los Andes. Titicaca

A medida que pasaban los días en Sucre, el lío boliviano crecía en intensidad. Que si 30 muertos en Pando, que si el ejército había sacado sus tropas y se dirigía a Santa Cruz, que si los Ponchos Rojos estaban dispuestos a actuar, que si huelga de mineros, que si detenciones y encarcelamientos de prefectos... El ambiente parecía caldearse, aunque nosotros lo único que veíamos eran actos públicos muy animados como el desfile de bailes populares por las Fiestas de la Guadalupe. Por prudencia, aunque con cierta pena, decidimos retirarnos un poco y dirigirnos hacia el lago Titicaca, donde nos esperaban Lorena y Laurent, una vasca y un belga que conocimos, respectivamente, en San Pedro de Atacama y Potosí, y con los que nos lo pasamos genial durante cerca de una semanita..

Volvimos a nuestros amados autobuses bolivianos. Esta vez, pagamos un poco más, para ir en un cama. Tampoco era una maravilla, aunque las 12h que nos chupamos fueron más llevaderas, pese a que no tenía calefacción y la rasca apretó bastante. Pasamos fugazmente por La Paz pero sólo para cambiar de autobús, con la idea de regresar después. Nos íbamos a Copacabana, una pequeña ciudad que no es conocida por sus playas, sino por ser la mejor puerta de acceso boliviana al lago Titicaca y las Islas del Sol y de la Luna. Además, estábamos a 10 minutos de la frontera, por si las moscas.

El pueblecito es de lo más intrascendente y además es la expresión de un urbanismo que empeora a medida que el turismo aumenta. Ahora bien, ese pedazo de masa de agua que tiene delante es cautivador. Sus leyendas, el reflejo del Sol y la Luna sobre sus aguas, el Pejerey y la Trucha, su ruido más propio de mar que de lago junto con el carácter, un tanto especial, de los aymaras que habitan en este lado del Titicaca invitan a quedarse más de lo previsto. Más cuando te instalas en un rinconcito de la Isla del Sol, en su parte Norte, huyendo un poco del lado Sur y la propia Copacabana; allí donde reside la comunidad de Challapampa.

Lo primero que te encuentras al llegar es una bahía con una playa de arena fina que se adentra de forma suave en el mar, bueno, lago. En ella pastan algas los cerdos y beben agua los burros; lavan la ropa las mujeres, pasean los hombres y juegan los niños al salir del cole. Los más jóvenes, los varones, se bañan y pescan con pequeñas redes formando círculos para acorralar a los pequeños pejereys. Dicen que sus capturas han bajado drásticamente y que hubo épocas en que los pescaban con dinamita. En realidad, lo que vimos son pequeñas embarcaciones gobernadas por pescadores que cada día arrojaban sus redes en la bahía en busca de la base principal de su dieta. Todo el conjunto rezumaba una sensación de equilibrio que se encuentra lejos, pero cerca a la vez, de la masificación turística. De hecho, muchos turistas llegan hasta aquí a las 11h de la mañana pero rápidamente se marchan para iniciar el tour clásico de la isla.

Esos días nos tumbamos al sol andino en esta playita y nos dedicamos al dolce farinente. Laurent y Joan se bañaron en el mar (bueno, lago) y jugaron al fútbol con los chavales de la playa, que a 3.800 metros es un ejercicio bien cansado. El resto del tiempo lo pasamos bebiendo cervecitas al calor de la playa y viendo la vida pasar.
Finalmente nos marchamos de Challapampa y Bolivia, pasando por la Isla de la Luna, que no merece la pena, con la pena de despedirnos de Lorea (aunque la veremos en Baqueira) y Laurent así como el compromiso de volver a La Paz mientras estemos instalados en la zona de Cusco. Cuando volvamos esperamos que la situación en Bolivia se haya calmado.

Al cruzar la frontera peruana cambiamos una vez más de hora y moneda.

http://picasaweb.google.es/ankor73/TITICACA#

1 comentari:

microbi ha dit...

HOLA!
avui es el dia de la GRAN FESTA!
STOP MAKING SENSE a la Font del Gat. La festa de l'any...

:)
intento fer-vos una mica de enveja, encara que se que no es pot comparar.
We will have fun,and we'll miss u!